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Caída del Mencho. Puerto Vallarta, perla turística bajo el abandono gubernamental (Video)

El extinto líder del Cártel Jalisco sigue haciendo daño un mes después de su muerte, pues el puerto está paralizado de miedo y la ayuda federal y estatal no llegan, tampoco la tranquilidad para quienes no pueden reconstruir sus hogares y negocios. La economía local sigue en crisis.

PUERTO VALLARTA, Jal.– Es mediodía en la zona del río Ameca. El sol cae a plomo y el agua corre cristalina. Parece un día cualquiera. No lo es. El ambiente es denso: hay tensión, miedo a hablar y preocupación de que la violencia regrese y ahuyente a clientes.

El 22 de febrero último, cuando el Ejército abatió a Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, Puerto Vallarta quedó atrapada en una jornada de narcobloqueos: vehículos incendiados, tiendas de conveniencia (Oxxo, Kiosco, Auto Zone, Coppel y Farmacias Guadalajara) atacadas, balaceras y bloqueos en distintos puntos del municipio. Las escenas de humo, detonaciones y carreteras cerradas rompieron la imagen de destino turístico seguro que la ciudad sostuvo durante años.

Ahora los restaurantes con vista al río están vacíos. No hay un solo comensal. Uno de los negocios tiene 22 impactos de bala, a otro la explosión le lanzó una roca que destrozó el techo de la palapa.

“Todavía se siente muy pesado”, dice una trabajadora.

Hace un mes, en medio de la refriega entre el Ejército y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) una explosión con dinamita sacudió el puente La Desembocada. El miedo sigue ahí.

Hoy la postal es de negocios semivacíos, ingresos desplomados y una población que habla en voz baja o prefiere callar.

La tranquilidad de La Desembocada –un poblado de 811 habitantes, en la delegación de Ixtapa– se quebró ese día con una serie de explosiones que dejaron a la comunidad con miedo e incertidumbre. Lo que comenzó como un estruendo derivó en una afectación profunda que atraviesa la economía, la seguridad y la vida cotidiana. El objetivo fue derribar el puente vehicular que cruza el río y conecta la carretera libre Puerto Vallarta–Mascota–Guadalajara.

De acuerdo con testimonios recabados en el lugar, personas armadas, vestidas de negro y encapuchadas llegaron alrededor de las diez de la mañana en al menos tres camionetas. La mayoría eran hombres, aunque también había mujeres. Colocaron explosivos en el puente vehicular. Otro grupo de “los chicos malos” portaba equipo táctico con las siglas de un grupo criminal: CJNG. En las calles atravesaron un autobús turístico y al menos siete vehículos para bloquear el paso. La única tienda de conveniencia del poblado, de la cadena Kiosko, fue incendiada.

Esqueletos de hierro. Huellas del narcoterrorismo. Foto: Elizabeth Ruiz.

Los daños en La Desembocada no figuran en los reportes oficiales: puertas arrancadas, ventanas destrozadas, techos colapsados. La explosión dañó al menos diez viviendas. En una de ellas, junto al puente, la onda expansiva derribó techos y vigas y dejó a tres personas heridas: una mujer mayor, su hija y su nieta. La casa quedó además con impactos de bala; sus habitantes huyeron. En otra vivienda las tejas están desprendidas, por la explosión hirieron en el rostro a un bebé de tres meses.

“Se vino la explosión y aventó todo: vidrios, puertas… Estamos sin ventanas, sin puertas”, relata una habitante que esa noche se resguardó con su familia en una habitación. Fue sorprendida por el primer estallido al regresar de misa. “Yo pensé que habían matado a mi hijo”, dice. La onda expansiva lo lanzó mientras intentaba resguardar su motocicleta. Un mes después, las casas siguen sin ser reparadas.

Vecinos aseguran que nadie acudió a auxiliarlos. Ellos mismos atendieron a los heridos. “Nadie llegó. Las ambulancias nunca aparecieron. Los mismos vecinos nos apoyamos. Algunos se fueron por miedo”, relata un habitante. “¿Qué culpa tenemos nosotros?”, preguntó una mujer que tuvo daños en su casa.

Su vivienda quedó sin ventanas ni puertas. Ninguna autoridad ha regresado. “¿Qué culpa tenemos del pleito que se traen entre ellos?”. Dice que el personal del ayuntamiento acudió brevemente, pero no volvió. Protección Civil tampoco llegó. Piden apoyo para reconstruir sus hogares.

Días después, una segunda detonación ocurrió durante los trabajos en la zona del puente y dejó una persona muerta, lo que incrementó el temor en la comunidad.

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Fragmento del texto publicado en la edición 34 de la revista Proceso, correspondiente a abril de 2026, cuyo ejemplar digital puede adquirirse en este enlace.