CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Más de la mitad de los deportistas que forman parte de la estructura del alto rendimiento en México han experimentado al menos un episodio de violencia, un fenómeno ignorado bajo el mito de que el entorno deportivo es un espacio seguro, pero que en la práctica es justamente lo contrario.
Estos datos se desprenden de los resultados preliminares disponibles en el estudio de violencia interpersonal en el deporte, realizado por un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), quienes ya cuentan con este primer análisis a profundidad que se ha hecho sobre el tema a nivel nacional.
El deporte está consagrado como un derecho constitucional en México y por lo regular viene acompañado de conceptos relacionados con una mejora tanto física como mental en la calidad de vida, pero conforme se traslada de su faceta recreativa a un esquema más competitivo se convierte en un hábitat que favorece la formación de entornos potencialmente violentos y casi siempre no atendidos.
El equipo de trabajo encabezado por la doctora Jeanette López Walle se dio a la tarea de analizar el tema a partir de una convocatoria lanzada por el Centro de Estudios del Comité Olímpico Internacional (COI) y su Programa de Becas de Investigación Avanzada, con base en los campos prioritarios identificados por el propio COI.
La postulación fue parte de los pocos proyectos seleccionados a nivel mundial y que se engloba en un trabajo colaborativo de ocho países —Reino Unido, Noruega, España, Brasil, Taiwán, Australia, Sudáfrica y México— bajo el título “Análisis de las Experiencias de Violencia Interpersonal en el Deporte Vividas por Deportistas Adultos en Ocho Países: Una Perspectiva Motivacional”.

El estudio contó con el patrocinio de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), como parte de un trabajo inédito de tres años —2024, 2025 y 2026— del que se dieron a conocer los resultados correspondientes al primer tercio de la investigación.
En esta etapa, la muestra consistió en más de dos mil 200 deportistas distribuidos en todo el país —el 62.3% de alto rendimiento y el 37.7% de deporte recreativo—, el cual para efectos prácticos y de logística en el levantamiento de información se dividió por zonas geográficas en ocho regiones para analizar los tres tipos de violencia interpersonal: física, psicológica y sexual.
El estudio aborda el fenómeno a partir de dos escenarios en la manifestación de la violencia: el primero lo ejercen los entrenadores hacia los deportistas y, el segundo, ocurre entre pares.
De acuerdo con la investigación, la violencia psicológica es la más frecuente: el 31% de los deportistas se vio afectado por sus entrenadores y otro 23% por algún compañero.
En el caso de los instructores, la violencia sexual ocupa el segundo lugar –26%—, seguido de la física —9%—, tendencia que se invierte cuando se trata de episodios violentos entre compañeros —6% en la física y 4% en la sexual—.
“Podemos hablar de que la mayoría de las personas han tenido al menos un episodio de violencia, entonces, esa tasa de entrada es muy alta”, explica a Proceso Jeanette López, quien destaca el nivel de influencia que tienen los formadores en sus alumnos.
“Son datos que sí nos alarman porque significa que esta figura de autoridad está además atentando con intimidaciones, va afectando psicológicamente a la persona, a la víctima, también está perpetuando la situación de la sexualidad”, agrega López Walle.
La edad promedio de los participantes es de 21 años, el 53% son hombres y el 47 mujeres. A ellos se les aplicó el Cuestionario de Violencia hacia los Atletas (VTAQ), instrumento mundial de referencia para el levantamiento de este tipo de datos y que se utilizó en el resto de los países que integran el estudio.
“Además de vincular o de evaluar la tasa de prevalencia a nosotros nos interesa saber cuáles son esos factores predictores de las conductas violentas y sobre todo cuáles son los resultados o indicadores de bienestar y malestar producto de la violencia”, añade.
La radiografía
Tradicionalmente, la visibilización de la violencia en el deporte se ha concentrado en las conductas de los aficionados que asisten a presenciar los espectáculos deportivos, sin embargo, el estudio del fenómeno en el entorno de los propios deportistas ha sido subatendido históricamente.
Respecto a los factores de riesgo la investigación destaca que entre más jóvenes las mujeres tienen una mayor probabilidad de sufrir violencia física y sexual, esta última con más riesgo a experimentarla por parte de sus entrenadores.
“Para lograr lo que hacen los deportistas necesitan vivir en un umbral al límite de la ruptura. Son un libro abierto, necesitan estar con sus emociones a pico constantemente y eso los coloca en una posición altamente vulnerable y manipulable”, asegura Azul Almazán, exclavadista víctima de acoso y hostigamiento por parte de su instructor, Francisco Rueda.
“Es por lo que un entrenador puede hacerte campeón olímpico o destruirte el autoestima en un segundo, por eso abusan, por el poder que se tiene sobre una persona vulnerable al extremo”, argumenta Almazán, quien también es fundadora de la asociación Respeto 360, la cual atiende casos de violencia en el deporte a través de ayuda psicológica.
“Como atleta de alto rendimiento estás al filo, cada día sientes todo al extremo: el miedo, agotamiento, esfuerzo, cansancio, culpa e inseguridad. Todo se pone al límite. Por eso los atletas de alto rendimiento mientras están activos pueden tener medallas olímpicas, pero parecen cachorritos”, añade.
Según el estudio trabajar con el mismo entrenador por periodos prolongados incrementa las probabilidades de que ejerza episodios violentos por cada año que se extiende el vínculo, en tanto que los casos violencia sexual son más comunes en los deportes individuales respecto a los de conjunto, los cuales a su vez presentan mayor riesgo en casos de violencia sexual entre compañeros.
Uno de los datos que más sorprendió a los investigadores es el hecho de que los hombres experimentan una prevalencia más alta en violencia física entre pares, lo que ha sugerido una hipótesis sobre la posibilidad de que las víctimas masculinas estén subrepresentadas debido a estereotipos de género que dificultan que los hombres reconozcan haber sido violentados, lo cual esperan comprobar o descartar en el resto del estudio.
Otro dato revelador procede de los niveles de violencia por regiones, siendo el oriente y el sureste del país las zonas donde se registran los índices más altos de violencia física y sexual, tanto en los casos que se originan con los entrenadores, como entre los deportistas. Esto podría estar correlacionado con el fenómeno de la pobreza en los estados con mayores carencias en México.
Una problemática global
La violencia interpersonal en el deporte no es un problema que sólo en México ha crecido, es un fenómeno global que impacta incluso a las llamadas potencias deportivas y en la mayoría de los casos tampoco ha sido atentido.
Sin embargo, en la presente década, el tema ha comenzado a tomar mayor interés en diversas latitudes a través de distintas investigaciones que desde organismos e instituciones académicas alrededor del mundo lo están abordando.
Prueba de ello es el Consenso del Comité Olímpico Internacional sobre Violencia Interpersonal y Salvaguardia, investigación publicada en 2024 a cargo de la Comisión Médica y Científica del COI, con la la participación de un panel de expertos que incluyó doctores especializados en medicina del deporte, psiquiatras infantiles, psicólogos, sociólogos y criminólogos, así como el testimonio de atletas olímpicos retirados.

El estudio consistió en el análisis de cientos de investigaciones sobre la materia con el objetivo de que fueran validados por los especialistas y derivaran en la generación de una serie de declaraciones formales que sirvan como guías de acción para contrarrestar la violencia interpersonal entre los deportistas.
Pero más allá de las recomendaciones sugeridas en la investigación, el Consenso del COI sobre Violencia Interpersonal es quizá el primer documento oficial del máximo órgano deportivo que reconoce, a la luz de los datos duros y la evidencia, que el deporte en la actualidad no es un espacio seguro porque no ocultan los abusos, se protege a los agresores y se normalizan los daños.
Menores en riesgo
A pesar de que el estudio sólo incluye testimonios de deportistas mayores de edad, sus resultados parciales arrojan hallazgos que sugieren que buena parte de las víctimas de violencia ya habían experimentado episodios de este tipo siendo menores, lo que apunta a una mayor vulnerabilidad en etapas tempranas.
Entre los indicios observados se encuentra la correlación inversa entre edad y violencia, ya que los datos muestran que las probabilidades de sufrir algún episodio de este tipo disminuyen a medida que los deportistas crecen.
Esto significa que atletas con apenas 18 años —los más jóvenes en la muestra— presentan reportes más frecuentes que quienes tienen 24 años o más.
Asimismo, la ya citada relación prolongada con entrenadores y su relación con el incremento de la probabilidad de experimentar violencia dejan ver que si algún deportista reporta varios años de trabajo con un mismo instructor hay indicadores para deducir que los episodios de violencia comenzaron durante la infancia o adolescencia, en particular en el alto rendimiento.
“Los deportistas puede reportar la violencia psicológica o la física, pero la sexual se ha demostrado, al menos en Canadá o Bélgica, que es la que tarda más en aceptar porque a lo mejor les ocurrió en la infancia, pero ya lo comentan cuando son adultos y ya pueden manejarlo”, refiere Jeanette López.
Desde hace 30 años, en México se realiza la Olimpiada Nacional, encuentro multideportivo infantil y juvenil que ha sido base para el semillero y el desarrollo de talentos deportivos en el alto rendimiento en el país y por el que ha pasado casi la totalidad de seleccionados que representan a México en distintas competencias alrededor del mundo.
Justamente buena parte de los casos de abusos físicos, psicológicos y sexuales a menores que han salido a la luz se dan en el engranaje de la estructura deportiva en las entidades del país bajo el ecosistema de la Olimpiada Nacional, en entornos que favorecen estas malas prácticas a temprana edad, ante la incapacidad u omisión institucional para combatirlos.
En 2021, el estudio Abuso Infantil en el Deporte: Estadísticas Europeas (CASES), encabezado por la Universidad Edge Hill en el Reino Unido y cofinanciado por el programa Erasmus+ de la Unión Europea, aportó datos reveladores al analizar a más de 10 mil deportistas adultos de entre 18 y 30 años sobre sus experiencias cuando fueron menores de edad. Este trabajo podría aportar referencias sobre la realidad mexicana.
La investigación incluye la negligencia como otra categoría además de las violencias psicológica, física y sexual. Entre sus hallazgos, el 75% reportó experimentar al menos una forma de violencia interpersonal durante la infancia o adolescencia.
Los datos indican que la violencia no se da de forma aislada sino que suele ser recurrente y comenzar a edades tempranas. En el caso de la física y psicológica, suele comenzar con mayor frecuencia entre los siete y 13 años, mientras que la negligencia y la violencia sexual suelen iniciarse entre los 14 y 15, un riesgo que se incrementa significativamente a medida que el menor pasa del deporte recreativo al de alto rendimiento.
Iniciativas que no prosperan
En mayo de 2025, Proceso publicó el reportaje “Entrenadores deportivos: el abuso tiene permiso”, en el que se aborda la impunidad y desprotección que enfrentan los deportistas en México ante conductas de maltrato, acoso y violencia por parte de sus entrenadores.

El limbo estructural tanto en la Comisión Nacional de Cultura Fïsica y Deporte (Conade), como en los institutos estatales del deporte ha permitido a los perpetradores permanecer sin castigos al no ser considerados servidores públicos y entrar en un vacío legal donde impera la falta de sanciones.
Al menos en el papel las voces de las víctimas han causado eco en el Poder Legislativo, desde donde en el último año se han derivado tres iniciativas de distintos grupos parlamentarios con propuestas para modificar la Ley General de Cultura Física y Deporte e integrar mecanismos sancionadores a quienes violenten en el entorno deportivo.
La senadora Virginia Magaña del PVEM estructuró en marzo de 2025 una iniciativa en la que propone incorporar la perspectiva de género como un eje transversal en todas las políticas deportivas, modificando cuatro artículos de la ley del deporte así como su aplicación supletoria con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, propuesta que desde entonces descansa en comisiones.
Asimismo, Paola Longoria de Movimiento Ciudadano, multilaureada raquetbolista y presidenta de la Comisión del Deporte de la Cámara de Diputados, presentó en septiembre de 2025 una iniciativa para reformar disposiciones de la Ley de Cultura Física y Deporte en materia de prevención y atención a la violencia a través de la generación de protocolos por parte de las federaciones deportivas bajo lineamientos de Conade.
El 26 de noviembre, con 416 votos a favor, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad dicha propuesta, por lo que el dictamen fue turnado como minuta al Senado en calidad de cámara revisora a la espera de su posible aprobación una vez enviada a las comisiones correspondientes, sin embargo, tampoco ha avanzado.
Por su parte, en febrero último, la también diputada Bertha Osorio de Morena, elaboró el proyecto de decreto para adicionar el capítulo VIII y seis artículos de la la ley del deporte para incorporar un apartado enfocado exclusivamente para atender el tema, destacando la creación de un padrón nacional de personas sancionadas por violencia deportiva que evite que agresores ocupen cargos mientras exista una sanción al respecto.
