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Tensión en Irlanda del Norte Republicanos norirlandeses bloquean Garvaghy Road para evitar el paso de los unionistas de la Orden de Orange en Portadown

La inesperada decisión del Tribunal Superior de Belfast de volver a permitir que los unionistas protestantes desfilen sobre un barrio católico de la ciudad de Portadown, después de 28 años, ha devuelto a la actualidad la tensión sectaria en Irlanda del Norte y el fantasma de que regrese la violencia entre católicos partidarios de unirse a la República de Irlanda y los protestantes, que defienden la permanencia de los condados del noreste bajo soberanía británica.

¿Qué está pasando en Portadown?

Desde la madrugada de este domingo, miles de norirlandeses católicos tienen cortada Garvaghy Road, la carretera que atraviesa el único barrio de mayoría católica de Portadown (48 kilómetros al sur de Belfast) y que comunica el centro de la ciudad, de mayoría protestante, con la iglesia, también protestante, de Drumcree, donde se atrincheraron 35 miembros de la logia Orden de Orange.

Entre los manifestantes se encontraban la presidenta del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, y su vicepresidenta, Michelle O’Neill, quien ostenta el cargo, además, de ministra principal de Irlanda del Norte, gracias a que, por primera vez, el Sinn Féin, que defiende la reunificación de las dos Irlandas, se impuso como el partido más votado en las pasadas elecciones.

“La policía de Irlanda del Norte debe intervenir para impedir esto. Es una locura. Es un modo primitivo de tratar a una comunidad en pleno 2026. Es intolerable”, declaró escandalizada la presidenta del Sinn Féin (Nosotros Solos, en irlandés), en alusión a un fallo que enciende de nuevo la mecha sectaria.

A escasos cientos de metros del plantón, los miembros de la Orden de Orange advierten que no se moverán y que esperarán el tiempo necesario para desfilar, “ya sean horas, días, semanas o meses”.

¿Qué es la Orden de Orange?

La Orden de Orange se creó para celebrar la victoria en 1690 del rey protestante inglés Guillermo de Orange sobre el rey escocés católico Jacobo II en la Batalla del Boyne, en la isla de Irlanda, entonces bajo soberanía inglesa. La victoria consolidó a Inglaterra como la potencia dominante en las islas británicas y a la religión anglicana como la Iglesia de Estado.

Desde 1807, los orangistas desfilan para celebrar su victoria frente a los católicos en decenas de ciudades, tradición que se mantuvo en los condados del noreste que siguieron bajo soberanía inglesa tras la partición de la isla en 1921, cuando los seis condados del Ulster (noreste), de mayoría protestante, decidieron seguir leales al Gobierno de Londres.

¿Por qué el desfile de Portadown es el más polémico?

Los desfiles de la Orden de Orange se siguen celebrando cada julio en varias ciudades norirlandesas, siempre atravesando barrios protestantes, hasta que en la década de los setenta ocurrió un cambio en una de estas localidades: Portadown.

Forzados por la segregación y como reacción de supervivencia a la represión de las autoridades unionistas, los católicos norirlandeses empezaron a vivir en barrios donde eran mayoría, en casos extremos, como en Belfast, separados incluso por muros de los barrios unionistas.

Pero en Portadown ocurrió algo diferente al resto de localidades, ya que la vía principal que cruza el barrio donde se concentraron los católicos —Garvaghy Road— es por donde desfilan los unionistas desde la iglesia orangista de Drumcree al centro de la ciudad.

Para el verano de 1975, el bloqueo al paso del desfile, considerado una humillante provocación para los católicos norirlandeses, derivó en batallas campales que agravaron los llamados Troubles, la violencia entre el IRA, el Ejército británico y paramilitares unionistas, que dejaron casi cuatro mil muertos y más de 50 000 heridos entre octubre de 1968 y abril de 1998, en su gran mayoría del bando católico, pero también decenas de víctimas de atentados del IRA, tanto en Irlanda del Norte como en Inglaterra.

¿Cuándo se acabó el conflicto?

Auspiciado por el primer ministro laborista Tony Blair, muy crítico con la represión de las fuerzas británicas, el 10 de abril de 1998 se logró su mayor éxito: el Acuerdo de Viernes Santo (Good Friday Agreement), firmado por los gobiernos británico e irlandés y respaldado por el Sinn Féin y los unionistas moderados, pero no por los radicales, que se negaron a compartir el poder con los partidarios de la reunificación irlandesa.

Como parte del acuerdo, el Gobierno de Blair creó la Comisión de Desfiles, para evitar precisamente nuevas provocaciones unionistas que derivasen en enfrentamientos sectarios. La primera orden que dio fue prohibir el Desfile de Drumcree por el alto riesgo de violencia sectaria. La paz parecía haber llegado por fin a la atormentada Irlanda del Norte, pero, tres meses después del acuerdo, terroristas unionistas asestaron un último zarpazo mortal.

En la madrugada del 12 de julio de 1998, un comando paramilitar lanzó una bomba molotov contra una vivienda en la localidad de Ballymoney, en venganza por la decisión de la Comisión de Desfiles de prohibir el Desfile de Portadown. En el incendio posterior murieron tres niños católicos mientras dormían en la planta alta de su casa. La madre de los niños, Chrissie Quinn, y su pareja lograron sobrevivir tras saltar por una ventana, pero no pudieron rescatar a los pequeños.

Los autores nunca mostraron arrepentimiento, pero el hecho provocó repugnancia en la sociedad norirlandesa, incluidos líderes unionistas, y dio paso a 28 años de relativa calma. Cada año, la Comisión de Desfiles renovaba la prohibición a los orangistas de desfilar por el barrio católico de Portadown, viéndose obligados a cambiar la ruta… hasta que, en un giro inesperado, el Tribunal Superior de Belfast autorizó la semana pasada el desfile de la discordia.

¿Por qué cambió de opinión la Comisión de Desfiles?

Tras 28 años de rechazos, la Orden de Orange de Portadown cambió de estrategia y presentó a la Comisión de Desfiles una propuesta muy restringida para que fuera aceptada, y lo logró: solo 35 orangistas desfilando, sin banda de música, en silencio y a primera hora de la mañana.

En cualquier otra circunstancia o lugar, la propuesta resultaría aceptable, y eso fue lo que argumentó el Tribunal de Belfast cuando la decisión fue apelada, alegando el derecho a la libre manifestación siempre que no suponga una amenaza para la población.

Y es aquí donde los republicanos, empezando por la ministra principal de Irlanda del Norte y su compañera y líder del Sinn Féin, apoyan con su presencia el inédito desafío al poder judicial: sí existe una amenaza real de que regresen los Troubles, porque el problema de origen no está resuelto, y es el deseo de la mitad de la población de Irlanda del Norte de separarse del Reino Unido y unirse a sus hermanos del Sur.

Si la partición se realizó en gran parte alegando que los condados del Ulster eran de mayoría protestante, esta situación se invirtió hace pocos años cuando, por primera vez, los católicos superaron en número a los protestantes: 805 000, según el último censo (42.3 %), frente a 711 000 (37.3 %), lo que se reflejó en mayo de 2022 cuando el Sinn Féin se convirtió en la primera fuerza del Parlamento de Belfast.

Desde entonces, la tensión separatista no ha hecho sino aumentar, hasta alcanzar su cénit el pasado 14 de septiembre de 2026, cuando se firmó el Acuerdo de Cardiff (Gales), aprovechando una alineación histórica: por primera vez, tres de las cuatro naciones que conforman el Reino Unido están gobernadas por líderes que quieren separarse de Inglaterra: John Swinney, del SNP en Escocia; Rhun ap Iorwerth, del Plaid Cymru en Gales; y Mary Lou McDonald, del Sinn Féin en Irlanda del Norte.

En dicha declaración histórica, los firmantes exigen al Gobierno británico el reconocimiento del derecho a la autodeterminación y la facilitación de mecanismos legales para futuros referendos de independencia.

¿Qué opina Inglaterra del desafío separatista?

La reacción del primer ministro británico, el laborista Andy Burnham, es la misma de todos los gobiernos británicos: la autorización de un nuevo referéndum de independencia en Escocia o la convocatoria de un Border Poll (consulta sobre la reunificación) en Irlanda del Norte están fuera de la agenda, ya que sostiene que no existe un consenso claro ni evidencia de mayoría para alterar el estatus constitucional.

La única vez que un primer ministro británico (el conservador David Cameron) admitió un referéndum de independencia ocurrió tras la victoria por mayoría absoluta del independentista SNP en Escocia, en 2011.

En 2014 se celebró el referéndum que ganaron por la mínima los partidarios de mantener la unión con Inglaterra; una diferencia tan pequeña que Londres forzó con el Gobierno escocés el llamado Acuerdo de Edimburgo, que imponía un candado casi imposible de romper por los separatistas: debe pasar “una generación” para volver a plantear un nuevo plebiscito, y el resultado debe ser ratificado por el Parlamento de Westminster.

Pero, pese a las trabas, el sentimiento separatista sigue ahí, como también está latente un rebrote de la violencia sectaria. Basta una chispa para que estalle de nuevo en Irlanda del Norte.

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