Ciudad de México.- Especialistas en salud advirtieron que quienes cuidan a un familiar o amigo enfermo también necesitan atención, ya que esta labor puede deteriorar su propia salud física y mental.
“La conversación siempre gira alrededor del niño o del paciente, pero rara vez se habla del cuidador. Es una persona que también la pasa mal, enfrenta muchos retos y es un tema del que debemos hablar mucho más”, señaló Bárbara Anderson, periodista y defensora de los derechos de las personas con discapacidad.
De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), si se monetizara el trabajo de los cuidados, este representaría el 26% del Producto Interno Bruto.
Una responsabilidad que agota en silencio
Según el Gobierno de México, una persona cuidadora es aquella que asume la responsabilidad total de un paciente, apoyándolo en las actividades que ya no puede realizar por sí mismo. En la mayoría de los casos, se trata de alguien del círculo familiar cercano.
En el país existen 32 millones de personas cuidadoras, de las cuales 95% son mujeres, de acuerdo con datos citados por los especialistas consultados.
La psicóloga y profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Leticia Ascensión Huerta, explicó que estas personas suelen relegar su propio bienestar, lo que deriva en el llamado síndrome del cuidador quemado, un desgaste físico y emocional que surge cuando no hay descanso ni apoyo suficiente.
“El cuidador es una pieza clave para que muchos pacientes salgan adelante porque es quien continúa en casa los ejercicios, los tratamientos y los cuidados que requiere el paciente. Si tenemos una mala atención en casa, ese paciente también se deteriora más”, indicó la especialista.
Huerta advirtió que, en algunos casos, el desgaste del cuidador puede llegar a ser mayor que el del propio paciente, lo que pone en riesgo la continuidad de los tratamientos.
Un diagnóstico que afecta a toda la familia
Gabriela Gatica Laborde, presidenta de la Casa Ronald McDonald México, organización que atiende a más de 17 mil familias de cuidadores, señaló que el impacto de una enfermedad trasciende al paciente.
“El diagnóstico no solo lo recibe el paciente; también lo recibe todo su entorno. Hay gastos que los sistemas de salud no cubren, como los traslados, la comida, los dispositivos para cuidar al paciente en casa, los equipos de movilidad o el tiempo productivo que pierde la familia”, explicó.
Gatica detalló que algunas familias terminan abandonando tratamientos debido a la carga económica y emocional que implica el cuidado prolongado, por lo que su asociación ofrece hospedaje, alimentación y apoyo psicológico como parte de una atención integral centrada en la familia.
Señales que indican desgaste en un cuidador
De acuerdo con la especialista, algunas señales de alerta a las que hay que poner atención son:
Cansancio físico constante
Irritabilidad o cambios de humor
Aislamiento social
Aparición o agravamiento de enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión
Mayor consumo de alcohol o tabaco como forma de enfrentar el estrés
Juana Ramírez, presidenta de Grupo Sohin, agregó que otra señal frecuente es un envejecimiento prematuro, resultado de la acumulación de estrés y del descuido físico.
Recomendaciones para cuidar a quien cuida
Para Ascensión Huerta, el primer paso es identificar quién cumple ese rol dentro de la familia, ya que las necesidades varían según se trate de un menor, un adulto o una persona mayor.
Entre las recomendaciones para las personas cuidadoras destacan:
Apoyarse en familiares, amigos o comunidades
Formar redes con otros cuidadores en situaciones similares
Buscar apoyo en instituciones públicas, privadas o asociaciones civiles
Reservar minutos diarios para el descanso
Mantener una alimentación adecuada y acudir al médico cuando sea necesario
Ramírez destacó además programas hospitalarios como “Un Día de Respiro”, en los que personal de enfermería acompaña temporalmente al paciente para que el cuidador atienda su propia salud.
“A veces ese respiro significa que una mamá pueda hacerse estudios médicos, salir a comer, descansar unas horas o simplemente recuperar fuerzas para seguir acompañando el tratamiento de su hijo”, explicó.
Las especialistas coincidieron en que apoyar a los cuidadores no solo mejora su calidad de vida, sino que también incrementa las posibilidades de que los pacientes continúen sus tratamientos y logren una mejor recuperación.