México.- La aparición de nuevos opioides sintéticos encendió las alertas de organismos internacionales, entre ellos el isotonitazeno, conocido también como ISO, una sustancia perteneciente a la familia de los nitazenos y cuya elevada potencia representa un serio riesgo para la salud pública.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) identificó en su Informe Mundial sobre las Drogas 2026 a los nitazenos entre las amenazas emergentes dentro del mercado de drogas sintéticas.
De acuerdo con el organismo, la aparición de nitazenos y otras nuevas sustancias opioides ha estado relacionada con emergencias médicas y muertes en distintos países, situación que genera preocupación por su expansión en los mercados ilícitos.
La Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) ha advertido que los nitazenos son opioides desarrollados sintéticamente para producir efectos similares a los de otros opiáceos y que algunos compuestos de esta familia pueden alcanzar una potencia considerable.
Una sustancia bajo vigilancia desde 2020
El isotonitazeno no es una sustancia recién identificada. En Estados Unidos, la Administración para el Control de Drogas (DEA) adoptó desde 2020 medidas para someterlo a control debido al riesgo que representa para la salud pública.
La preocupación aumenta ante la posibilidad de que opioides sintéticos de alta potencia aparezcan mezclados con otras drogas sin conocimiento de quienes las consumen, incrementando el riesgo de intoxicaciones y sobredosis.
En años recientes también se han formulado acusaciones sobre una posible participación de organizaciones criminales mexicanas en la producción o tráfico de nitazenos. Sin embargo, dichas afirmaciones deben distinguirse de los hallazgos documentados por organismos internacionales y autoridades antidrogas.
Especialistas y organismos internacionales mantienen la atención sobre la evolución de estas sustancias ante el riesgo de que los nitazenos se incorporen con mayor frecuencia al mercado ilegal de opioides, como ocurrió previamente con el fentanilo.
La elevada potencia de algunos compuestos de esta familia y la dificultad para que los consumidores conozcan exactamente qué contiene una droga adquirida en el mercado ilícito representan actualmente uno de los principales desafíos para las autoridades sanitarias y de seguridad.