

La iniciativa surgió después del fallecimiento del dramaturgo, director y maestro, ocurrido el 30 de julio de 2026, cuando integrantes de la comunidad artística de Chihuahua comenzaron a promover un reconocimiento permanente que, además de llevar su nombre, contribuya a estimular la creación dramatúrgica en el estado.
Chávez Amaya inició su trayectoria teatral en 1968 como integrante del grupo de teatro universitario de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Cinco años después, en 1973, fundó la Compañía Teatral del Colegio de Bachilleres, institución con la que desarrolló una extensa labor artística y formativa que alcanzó a varias generaciones de estudiantes, actores y creadores.
A lo largo de 58 años de actividad escénica escribió más de 30 obras. Entre las más reconocidas se encuentran Colt 99, La plaza, Don Cojito de la Cancha, Amores que matan, Tambores de guerra, Astrakán y Ensayo sobre un hombre muerto. Su producción dramatúrgica trascendió Chihuahua y algunas de sus obras fueron montadas por agrupaciones de otras entidades del país.
Su trayectoria recibió reconocimientos estatales y nacionales. Obtuvo el Premio Chihuahua de Literatura por Don Cojito de la Cancha; Ensayo sobre un hombre muerto recibió el reconocimiento a Mejor Obra en el Primer Festival de la Ciudad de México, y Chávez Amaya obtuvo en dos ocasiones el premio a Mejor Dirección en el Festival Internacional Drama del Siglo de Oro. Su trabajo llegó además a cuatro Muestras Nacionales de Teatro y al Festival Internacional Cervantino.
El legado de Chávez Amaya también quedó plasmado en publicaciones como Desde el espejo hasta el olvido, El armario, Rocío de historias, El cuaderno de capirotada, La novia transparente e Indecisiones. Su trabajo como dramaturgo estuvo acompañado permanentemente por la formación de nuevos talentos, convirtiéndose en referente para generaciones de actores, directores y estudiantes chihuahuenses.
Hasta los últimos meses de su vida permaneció ligado a los escenarios. Como responsable del grupo teatral del Centro Cultural El Ágora continuó dirigiendo montajes, prolongando una actividad artística que prácticamente nunca abandonó y que convirtió su nombre en parte de la memoria histórica del teatro en Chihuahua.
Con la propuesta del nuevo premio, la Fraternidad Fernando Chávez Amaya busca que ese legado trascienda el homenaje póstumo y se convierta en un estímulo permanente para las nuevas generaciones de dramaturgos. Las gestiones se realizan ante diversas instancias de gobierno con la intención de institucionalizar el galardón y colocar el nombre del maestro en un reconocimiento estatal dedicado específicamente a la creación teatral.
De concretarse, el Premio Estatal de Dramaturgia Fernando Chávez Amaya representaría no solamente un homenaje a sus 58 años sobre y detrás de los escenarios, sino también una manera de mantener viva una obra que forma parte de la historia cultural de Chihuahua y de vincular su nombre con quienes escribirán las siguientes páginas del teatro chihuahuense.