EFE.- El Inter de Milán se consagró campeón de la Serie A a falta de tres jornadas tras imponerse al Parma (2-0) y certificó el vigésimo primer scudetto de su historia en San Siro, un estadio que no cantaba el título nerazzurro como local desde hace 37 años.
Estaba todo a favor del Inter. Quería el trofeo, lo rozaba, y sólo le bastaba un punto. Milán se tiñó de azul y negro durante todo el domingo, y el recibimiento del autobús demostró las ganas que tenían los interistas de festejar el título y arrebatárselo al Nápoles, como sucedió hace dos temporadas.
El Parma, pese a no jugarse nada, saltó concentrado y no puso fácil el título al Inter. El equipo dirigido por el español Carlos Cuesta compitió bien durante la primera parte, manteniéndose ordenado en defensa y cerrando espacios. El Inter rozó el gol tras un disparo al travesaño y un posterior rebote que el portero logró despejar sobre la línea.
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El esperado tanto nerazzurro se hizo del rogar durante toda la primera mitad. Tras un Parma replegado y un partido bloqueado, el conjunto local buscó los espacios mediante pases verticales. Ahí apareció Marcus Thuram, protagonista de una temporada brillante como socio de Lautaro Martínez y también como referencia goleadora en ausencia del argentino. Abrió la lata en el 45’, y San Siro estalló.
Habían pasado 37 años desde la última vez que este estadio celebró, como local, un campeonato de Liga, cuando el equipo se impuso al Nápoles de Diego Armando Maradona para conquistar el decimotercer scudetto. Desde entonces, tuvieron que esperar, hasta este domingo, ocho títulos para volver a festejar un campeonato en casa con los suyos.
El clima de fiesta se sintió tras el gol desde el pitazo inicial en la segunda mitad, especialmente con Lautaro calentando a un lado del campo. La afición aguardaba a su capitán, el líder, tocado por una lesión sufrida en el tramo final de la temporada. El argentino no quiso perderse la fiesta y saltó al campo en el minuto 67.
Misma tónica tras el descanso: el Parma replegado atrás y el Inter con el control del balón, buscando la portería rival. En el centro del campo, el polaco Piotr Zielinski dominó con autoridad, excelso en la gestión del juego, secundado por el italiano Nicolo Barella.
Ya en el minuto 77, Lautaro tuvo en sus zapatos el segundo gol, pero su disparo acabó en las manos del portero. Tres minutos después se redimió, asistió a Mkhitaryan, dejándole el gol en bandeja para sentenciar el partido. Fiesta en el banquillo y en las gradas. Abrazos. Bailes y cánticos. El héroe y capitán coreado. Euforia total al silbatazo final.
No desaprovechó la bala el Inter. Se consagró así campeón de Italia bajo la dirección del técnico rumano Cristian Chivu, un profundo conocedor del club, donde fue jugador y entrenó en la cantera.
Como técnico, su única experiencia fuera de Milán se produjo, precisamente, en Parma. Un cierre de ciclo especialmente simbólico para un entrenador en el que la afición deposita su confianza y sus esperanzas. Un hombre de la casa con vistas al futuro.
La ciudad del Duomo se tiñó de negro y azul, al igual que San Siro, la catedral del calcio, uno de los estadios más emblemáticos del futbol. Y el Inter lucirá la próxima temporada en su camiseta el parche tricolor italiano que identifica a los campeones del scudetto y que este año portó el Nápoles.
