ALPES

Esta semana se celebró el 30 aniversario de la Alianza para la Educación Superior A.C. (ALPES), una fecha que no solo marcó tres décadas de existencia de una de las organizaciones más representativas de las instituciones particulares de educación superior en México, sino que también coincidió con la entrega de los Premios a la Excelencia Estudiantil y Docente que la asociación otorga año con año. Al evento se dieron cita rectores, propietarios, directores, maestros, comunicadores, padres de familia y autoridades educativas, en un encuentro que reflejó el alcance y la vitalidad de esta red nacional.

Entre los asistentes destacaron figuras como Enrique Navarro, rector de la Universidad Santander; Ludivina Herrera, prestigiada rectora que a lo largo de su trayectoria ha dirigido distintas instituciones de educación superior; la periodista Adriana Páramo, así como otros actores del ámbito académico y mediático. Sin embargo, el reconocimiento central recayó, como es natural, en la presidenta de ALPES, María Luisa Flores del Valle, quien durante todos estos años ha logrado congregar y representar de manera digna y honorable a las instituciones afiliadas. Su liderazgo ha sido determinante para consolidar a la Alianza como un espacio de interlocución, apoyo y defensa de las universidades particulares que no siempre encuentran eco en otros foros.

La aportación de estas universidades no es menor si se observa el mapa de la educación superior mexicana. Por un lado, las instituciones públicas se agrupan principalmente en la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), cuyo interlocutor natural ante las autoridades es la gestión de presupuesto público. Por otro, las grandes universidades particulares —lideradas en buena medida por el Tecnológico de Monterrey— se concentran en la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior (FIMPES). En ese escenario, ALPES ocupa un espacio intermedio: agrupa a universidades particulares que atienden a un segmento amplio y diverso de jóvenes, muchas de ellas con fuerte arraigo regional y con colegiaturas más accesibles.

Los números lo dimensionan con claridad. Mientras la matrícula total de educación superior en México ronda los 5.76 millones de estudiantes, ALPES concentra alrededor de 600 mil alumnos, lo que representa aproximadamente el 10.4% de la matrícula nacional y cerca del 27-28% del alumnado del sector privado. En ese contexto, las universidades de ALPES no son un apéndice: son un actor relevante que forma a cientos de miles de jóvenes cada año, especialmente en ciudades medianas y regiones donde la oferta educativa particular de gran escala no llega con la misma intensidad.

Esa posición intermedia le da a ALPES una característica distintiva: no solo representa a sus afiliados ante autoridades y organismos, sino que también impulsa procesos de mejora continua, acreditación institucional a través de su Fundación y la vinculación entre las instituciones. Treinta años después de su constitución, la Alianza demuestra que el ecosistema de educación superior particular es más amplio y plural de lo que a veces se asume, y que en ese espacio intermedio se está formando a una parte importante de la fuerza laboral y profesional del país.

Sin embargo, el aniversario también invita a mirar con seriedad el contexto en el que estas instituciones operan. Mientras muchas universidades públicas enfrentan recortes presupuestales recurrentes, presiones para incorporar agendas coyunturales de los gobiernos en turno, escándalos de corrupción en distintos estados o prolongados cierres por huelgas laborales y estudiantiles, las grandes universidades particulares elevan colegiaturas a niveles que las vuelven impagables para amplios sectores de la población. En medio de esas tensiones, las universidades de ALPES se han convertido en una alternativa concreta y estable para quienes demandan formación sin quedar a merced de los vaivenes políticos, las crisis económicas o las ocurrencias normativas de cada sexenio. Su permanencia, pese a todo, habla de una resiliencia que merece reconocimiento.

Larga vida a ALPES.

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