CUERNAVACA, Mor. (Proceso).- Aylín Rodríguez Fernández, estudiante de Psicología de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), fue vista por última vez en abril de 2025 en el campus Chamilpa, bajo la rectoría de Viridiana Aydeé León Hernández. Tras su desaparición, la respuesta de las autoridades —incluidas las universitarias— fue señalada por la familia como insensible e ineficiente. Su madre, Karime Rodríguez Fernández, emprendió su búsqueda por cuenta propia hasta localizarla sin vida en el domicilio de su novio, Uriel.
El caso de Aylín constituye el primer feminicidio registrado dentro del campus Chamilpa, del cual fue inculpado su novio, estudiante de la UAEM en la Facultad de Ingeniería. Este hecho evidencia la violencia de género que se vive al interior de la Universidad y cómo las autoridades no actuaron ni brindaron apoyo a la familia.
La negligencia institucional se volvió aún más evidente a principios de este año, con la desaparición de Kimberly Jocelyn Ramos: siete días después de que su familia iniciara la búsqueda por su cuenta y tras realizar una marcha exigiendo resultados de la Fiscalía, las autoridades universitarias finalmente se pronunciaron, luego de haber negado cualquier apoyo previamente.

Estos casos detonaron la toma del campus Chamilpa y de otras facultades en distintos municipios del estado, en exigencia de seguridad para estudiantes, acción que ya lleva más de un mes.
A un año de la tragedia, de manera clandestina y gracias a la Resistencia Estudiantil, el 3 de abril último se rindió un homenaje en la facultad donde Aylín estudiaba para cumplir su sueño de ser psicóloga y ayudar a las personas, entre girasoles, bordados, una ceremonia religiosa, una marcha, un mitin, esquites, cantos y poesía.
Karime buscó por sus propios medios a su hija
Karime recuerda a Aylín como una joven responsable y cercana, que mantenía una rutina clara entre la casa y la universidad. La noche de su desaparición, el 3 de abril, alrededor de las 20:30 horas, su hija no respondía llamadas ni mensajes, algo inusual en ella. Fue entonces que decidió salir a buscarla.
Primero se comunicó con el novio de Aylín, quien negó haberla visto. Luego se trasladó al campus, ya cerrado, y revisó otros lugares que solía frecuentar sin obtener información.
Al levantar el reporte con las autoridades se encontró con respuestas que considera insuficientes y lamentables, como la otorgada en la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano (SEPRAC) de Cuernavaca. “Me dijeron que no la encontraban y que me fuera a mi casa a dormir”, recuerda.
Ante la falta de avances, Karime continuó la búsqueda por sus propios medios. Gracias a algunos contactos consiguió una fotografía de cámaras de seguridad que mostraba a su hija cerca del campus, lo que permitió delimitar su última ubicación conocida. Tras insistir en obtener la dirección correcta del novio, se trasladó al domicilio en la madrugada.
Al llegar, Karime pidió hablar con la mamá de Uriel, quien le permitió entrar para “revisar la casa”, aunque inicialmente se mostró reticente. La madre de Karime estuvo presente durante la conversación. Dentro del domicilio, Karime insistió en buscar a Aylín, porque no sabía dónde más acudir y la encontró sin vida. Según su testimonio, la mamá del joven aseguró no saber lo que había sucedido y Uriel, estudiante de Ingeniería en Sistemas de la UAEM, se mostró evasivo.
Karime comenta que para ella él era un joven educado, y que la situación demuestra que ya no es posible saber en quién se puede confiar.
El presunto agresor, Uriel, permanece detenido y el caso sigue en la etapa intermedia del proceso penal, sin que hasta ahora se haya dictado sentencia.
Karime relata que tras lo sucedido solicitó reuniones con la rectora Viridiana Aydeé León Hernández sin obtener respuesta. Incluso, señala, la rectora negó que Uriel fuera estudiante, a pesar de que él cursaba la carrera de Ingeniería en Sistemas, lo que para Karime evidenció una falta de reconocimiento de la situación y una omisión que podría haber prevenido riesgos.
Posteriormente, cuando alumnos de la universidad solicitaron permiso para realizar un acto conmemorativo al cumplirse un año del feminicidio de Aylín, la rectora respondió que debían presentar la solicitud por escrito y que la respuesta tardaría un año.
A lo largo del proceso Karime ha reiterado su exigencia de justicia y a otras madres les recomienda mantener comunicación constante con sus hijas y sus círculos cercanos. “Yo la tenía muy cuidada y aun así pasó”, afirma.

A un año de la tragedia, la ausencia de Aylín sigue presente, al igual que la exigencia de justicia por parte de su madre: “No la hay todavía”, concluye.
Ceremonia religiosa que pide justicia
El sacerdote Alfonso Leija Salas encabezó una ceremonia en memoria de Aylín frente al gimnasio auditorio del campus Chamilpa, donde llamó a no olvidar y a exigir justicia ante la violencia que ha marcado a la comunidad universitaria.
Al acto asistieron estudiantes y académicos. En un ambiente de silencio y emotividad, Karime, madre de Aylín, contuvo las lágrimas mientras se colocaba un textil con el rostro de su hija; varias personas sostenían girasoles amarillos para recordarla.
“Hoy nos reunimos para acompañarnos y recordar que lo único que puede sostenernos es la justicia y el amor”, expresó el sacerdote, quien también pidió no olvidar otros casos, como el de Viridiana Morales Rodríguez, desaparecida en 2012.
Advirtió que no se permitirá la impunidad y llamó a autoridades, universidad y sociedad a actuar.
La marcha de los girasoles
Al término de la ceremonia, inició la marcha para exigir justicia por Aylín Rodríguez. El contingente fue encabezado por un textil con su rostro; detrás, un lienzo rojo sumó exigencias por los homicidios de Kimberly Ramos, de Contaduría, y Karol Toledo, de Derecho, ocurridos en febrero y marzo.
El sonido de caracoles marcó el arranque. Con la batucada Wamazo, decenas avanzaron por el campus Chamilca, al grito de “¡Aylín vive, la lucha sigue!” y “¡Aylín escucha, ésta es tu lucha!”.
En Contaduría, donde estudiaba Kimberly, se realizaron intervenciones con iconoclasia. Un mural con su rostro y la frase “Kimberly no se olvida” permanece junto a una ofrenda floral.
En Derecho, otro mural recuerda a Karol Toledo. A un lado, un tendedero de denuncias de acoso y violencia sexual mantiene la consigna “UAEM cómplice”.

En el trayecto, una frase resumió el reclamo: “Más vale perder la carrera que perder la vida”.
En Psicología se ubica el mural dedicado a Aylín, que, según su madre Karime, refleja su esencia.
Frente a ese espacio, en un edificio de fondo gris y blanco, destaca el mural de Viridiana Morales, estudiante de Psicología desaparecida desde 2012.
Después se realizó un mitin. La psicóloga Xóchitl Guzmán leyó un mensaje de Karime: “Aylín amaba estudiar Psicología. Merecía vivir y graduarse, no ser víctima de la violencia”.
Se señaló que fue víctima de feminicidio presuntamente a manos de su pareja, también estudiante. “El peligro estaba ahí mismo…”.
Karime reiteró que la exigencia de justicia continúa: “No podemos permitir que nuestras hijas sean arrebatadas. Ya no están seguras ni en la universidad”.
Amigas recordaron su cercanía: “Si veía a alguien sola, se acercaba. Era una muy buena amiga”. Otra evocó: “Extraño su risa, que me esperara para no llegar sola”.

La jornada concluyó con canciones feministas, arte urbano y esquites como parte de la memoria y la exigencia de justicia.
Arte, memoria y protesta colectiva
La confección del memorial textil en honor a Aylín Rodríguez fue un proceso grupal entre la colectiva Las Nombramos Bordando y estudiantes organizadas, en un contexto marcado por exigencias de memoria y justicia.
El trabajo inició tras los primeros acercamientos con la familia. “El memorial textil comenzó a trabajarse desde encuentros previos, cuando conocimos a la mamá de Aylín y a sus amigas. A partir de ahí iniciamos las jornadas de bordado”, explicó María Antonieta de la Rosa, integrante del proceso.
En total participaron alrededor de 50 personas en distintas etapas: diseño del retrato, bordado y ensamblaje final.
La iniciativa se inscribe en el trabajo de Las Nombramos Bordando, colectiva feminista de Morelos que desde 2020 realiza piezas textiles para nombrar a mujeres víctimas de feminicidio como forma de memoria y denuncia.
En el caso de Aylín, la pieza fue construida junto con estudiantes en resistencia y con elementos definidos por su madre: girasoles, huellitas y la frase “Aylín, la luna me dice que sigues ahí”, incorporada al diseño en forma de luna bordada.

El 6 de marzo la colectiva retiró su exposición del Centro Cultural Jardín Borda y realizó una caminata simbólica sobre avenida Morelos, en Cuernavaca, en protesta por los feminicidios de Kimberly y Karol y en respaldo a movilizaciones estudiantiles de la UAEM. La acción se llevó a cabo de manera pacífica y con acuerdo del recinto cultural.
Las piezas —integradas por textiles, fotografía, audio e intervenciones en ataúdes— fueron trasladadas en caminata hasta la calle Miguel Salinas, donde quedaron bajo resguardo con acompañamiento de estudiantes universitarios.
