BOGOTÁ (proceso).- Lo único que le falta a la abogada Sondra Macollins para redondear su exitosa y multifacética vida profesional es ser presidenta de Colombia.
Y este domingo, como candidata presidencial, se medirá en las urnas ante pesos pesados de la política colombiana como el abanderado izquierdista Iván Cepeda y los ultraderechistas Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.
Sondra Macollins Garvin Pinto es abogada penalista, psicóloga, defensora de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, compositora, cantante, conductora de motos Harley-Davidson, escritora de historias espeluznantes y, ahora, aspirante presidencial de su propia organización política, el Partido Digital Colombiano.
La candidata, de ascendencia irlandesa y fuertes raíces colombianas, desconfía de las encuestas que la ubican muy rezagada en las preferencias electorales, y considera que el resto de los aspirantes presidenciales son parte de la “política tradicional” y de las elites dominantes de siempre, lo que la lleva a declararse como “la única verdaderamente independiente” de esta contienda electoral.
En entrevista con Proceso, la abogada cuenta que su vida es producto del esfuerzo constante y no del privilegio, y como desde pequeña está habituada a salir adelante por sí misma no necesita ni jefes políticos ni partidos producto del clientelismo y la corrupción.
Ese ejercicio de independencia la ha convertido en una candidata incómoda para otros aspirantes presidenciales, en especial para el populista de extrema derecha Abelardo de la Espriella, también abogado penalista, como ella, y a quien acusó de haber robado 5 mil millones de pesos colombianos (1.4 millones de dólares al tipo de cambio actual) al empresario financiero David Murcia, acusado de lavado de dinero y de defraudar a miles de personas.
Según la demanda presentada ante la Comisión de Disciplina Judicial por la candidata presidencial, De la Espriella incurrió en violación de deberes profesionales, deslealtad y falta a la ética cuando fungió como abogado defensor de Murcia, hace 18 años, y se quedó con dinero que su representado le había dado en efectivo por servicios legales que nunca realizó.
Sondra Macollins, actual abogada de Murcia –quien cumplió una sentencia de nueve años en Estados Unidos por lavado de activos y regresó a Colombia para purgar otra condena de 22 años— suele criticar por igual a los políticos de la derecha populista, como De la Espriella, y a los de izquierda, como el candidato presidencial Iván Cepeda, puntero en las encuestas, a quien le ha reprochado no haber asistido a los debates convocados por los medios.
A sus 51 años, la candidata presidencial, quien se presenta en la campaña como “La mujer de hierro”, proclama que ella es producto de la cultura del esfuerzo y que todo lo que ha logrado en la vida ha sido producto de su trabajo, disciplina, dedicación al estudio y ganas de salir adelante.
“Desde muy pequeñita tuve la necesidad de aprender cosas –asegura–: mi mamá, una normalista que nos crio sola a mí y a mi hermano, me metía cuantas cosas yo quería. Toco guitarra, canto desde chiquita, sé pintar, sé coser, cocino, monto en moto, practico varios deportes, he estudiado muy duro, y así me hecho autosuficiente”.
De los tribunales a la política
Antes de ingresar a la política –hace cuatro años como candidata al Congreso y ahora a la presidencia–, Sondra Macollins era conocida en Colombia por ser abogada de personajes oscuros como “Martín Sombra” (Elí Mejía Mendoza), un guerrillero de las FARC conocido como el carcelero de ese grupo.
“Martín Sombra” era el encargado de mantener bajo vigilancia, en condiciones inhumanas, muchas veces encadenados, a las decenas de civiles, militares y policías secuestrados por esa insurgencia desmovilizada en 2016.
El guerrillero, capturado en 2008 y condenado a 24 años de prisión, eligió a Sondra Macollins como su abogada y ella escribió un libro sobre su vida titulado “El peso de la sombra”.
Dice que es un texto que muestra la parte humana del guerrillero, “porque la sociedad se encarga siempre de criticar a los criminales que produce, pero no reflexiona sobre cómo y por qué los produce”.
Él, señala, fue un niño que quedó huérfano a los 10 años, lo reclutaron las FARC “y sobrevivió muchas cosas hasta convertirse en el carcelero más cruel de la patria, pero ¿dónde estaban la sociedad y el Estado cuando el Ejército mató a su mamá?”.
La abogada y candidata presidencial también es representante legal del exintegrante del Cártel de Medellín, Carlos Lehder, quien luego de purgar una condena de 33 años en Estados Unidos fue entregado a Alemania (país de su padre) y el año pasado regresó a Colombia y publicó un libro autobiográfico.
Ella explica que no es abogada penalista de Lehder, sino su representante legal en temas de derecho de autor y regalías en Colombia y Estados Unidos, donde se producen algunos documentales sobre excapo del narcotráfico.
Sondra Macollins estudió derecho en la Universidad Libre de Colombia y psicología en la Universidad del Valle. Ha residido en Panamá y en Estados Unidos, donde hizo una especialización en la St. John’s University School of Law de Nueva York, lo que le permite ejercer el derecho en ese país.
Uno de sus focos de atención como candidata presidencial son los inmigrantes colombianos en Estados Unidos, particularmente en estos tiempos en que, bajo la presidencia de Donald Trump, son objeto, junto con millones de latinos, de una feroz persecución en la que son violados sus derechos básicos.
De acuerdo con la candidata presidencial, 7.2 millones de colombianos radican en el exterior, el 14 por ciento de la población, la mayoría en Estados Unidos, y las remesas –unos 13 mil millones de dólares al año— constituyen la segunda mayor fuente de divisas del país, después del petróleo.
Ella piensa que los derechos de ese segmento poblacional están coartados porque, aunque tienen derecho al voto, no están censados por los consulados colombianos y únicamente pueden sufragar un millón de ellos, algo que la candidata promete corregir para que no exista una subrepresentación.
Sondra Macollins suele meterse en casos donde advierte injusticias. Por eso forma parte del equipo legal de 17 militares colombianos en retiro procesados en Haití por el magnicidio del presidente haitiano Jovenel Moïse, ocurrido el 7 de julio de 2021. Ella dice que todos fueron víctimas de un “entrampamiento” para desviar las investigaciones y que su único error fue haber confiado en una empresa con base en Miami que los contrató como guardias de seguridad.
“A ellos los llevaron a la residencia de Moïse y, cuando llegaron, el presidente ya estaba muerto. Su misma esposa (la hoy viuda Martine Moïse) está acusada de ser cómplice de ese asesinato”.
El énfasis en la digitalización
Las prioridades del programa de gobierno de la laboriosa e inquieta abogada son, además de los derechos de los migrantes, el desarrollo tecnológico de Colombia y la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) para enfrentar problemas estructurales del país como la inseguridad, la corrupción, el rezago educativo y el desempleo.
De acuerdo con la propuesta del Partido Digital Colombiano, fundado por la abogada penalista mediante la recolección de 1.1 millones de firmas, la IA es una herramienta de democratización social y de desarrollo y se puede aplicar en la persecución del delito, en la fiscalización del gasto público, en la educación y en la creación de emprendimientos que generen empleo.
“Los emprendedores fracasan por la burocracia corrupta –plantea–, y eso no ha cambiado ni con la izquierda, ni con la derecha, ni con el uribismo (la corriente del expresidente ultraderechista Álvaro Uribe) ni con el petrismo (el conglomerado del actual mandatario, Gustavo Petro)”.
Sondra Macollins se asume como una política “de centro” y rabiosamente independiente, y considera que tanto los candidatos presidenciales ultraderechistas, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, como el izquierdista Iván Cepeda –que según los sondeos encabezan las preferencias electorales— representan “a los mismos de siempre” o una promesa de cambio que no se concretó.
Además, propone la eliminación de las 32 gobernaciones del país y sustituirlas con siete gobiernos regionales, así como la fusión de varios ministerios y la reducción del Congreso bicameral para bajar el gasto en burocracia.
La abogada penalista considera que la inseguridad, que es uno de los problemas que más preocupa a los colombianos, debe ser atacada a través de la inversión social y una política criminal que ella sabe cómo diseñar por su experiencia en el ejercicio de su profesión.
“Tengo todas las herramientas y la autoridad para saber cómo neutralizar a la delincuencia –dice–, y eso requiere un enfoque circular que pasa por reformar la justicia, el sistema penitenciario, porque las cárceles son las universidades del delito, y una vez reformado eso, hay que tener programas de resocialización y recuperar los territorios con política social y presencia del Estado”.
También cree que es hora de reconciliar a Colombia, rescatarla de la creciente polarización política y “cerrar un ciclo de violencia” que lleva al menos 80 años.
“Ya es suficiente –afirma–, ya es hora de cerrarlo y empezar un proceso social nuevo”.
