MACUSPANA, Tabasco. (apro).-Nancy Jaqueline Arias Narváez de 37 años de edad, originaria de Macuspana, Tabasco, fue víctima de feminicidio el 9 de junio de 2018. Su madre, Maura, murió a los 75 años de edad luchando por justicia. A casi ocho años del crimen, el próximo 3 de junio se realizará la audiencia en la que debería ser sentenciado el presunto responsable: su esposo y padre de sus dos hijas, Esmelin “N”.
Esmelin estuvo prófugo de la justicia durante tres años. Huyó el mismo día que las autoridades consiguieron la orden de aprehensión. Lo arrestaron el 1 de noviembre de 2021 en un municipio cercano a Macuspana, mientras conducía el automóvil de Nancy y estaba en compañía de su familia.
Según determinó el Servicio Médico Forense (Semefo), Nancy falleció por traumatismo craneoencefálico y de macizo facial. En un primer momento, su esposo, con ayuda de su familia, quiso hacer pasar el feminicidio como un accidente.
“Dijeron que se resbaló, que estaba lavando ropa y saliendo del centro de lavado se cayó y golpeó la parte de atrás. Vi que no era una caída, porque si fuera desnudada te quedas inconsciente, ¿por qué estaría golpeada de todo el cuerpo, de la cara?”, expuso el hermano de Nancy, Emmanuel Arias.
Habían cambiado el cuerpo de Nancy de lugar, la bañaron y le cortaron las uñas. Tenía golpes en el rostro y en el resto del cuerpo.
“Tenía golpes múltiples en el rostro, en la cadera. El dictamen que hizo un médico determinó que tenía laceraciones y signos de defensa por riña, que fue golpeada con un objeto contundente; además, me di cuenta de que le cortaron las uñas. Ella siempre era de uñas largas y se las cortaron al ras”, describió.
Emmanuel fue el primero en enterarse del feminicidio. El día del crimen se encontraba con su esposa esperando a Nancy en el campo de fútbol; aunque ambas jugaban en equipos diferentes, esa tarde las dos tenían partido. Recibió una llamada de la hermana de Esmelin, quien le dijo que Nancy se había caído de las escaleras y no reaccionaba.
Al llegar a la casa, Emmanuel describió que había dos personas intentando reanimarla. La abrazó y su cuerpo ya estaba frío. Tenía la frente y los labios morados, el cabello húmedo como si se lo hubieran lavado, y los pómulos, la boca y la nariz rotos. “Me di cuenta de que tenía huellas, se veía la huella de un dedo pulgar en el cuello, como si la hubieran apretado”, recordó.
Nancy y Esmelin trabajaban en la misma escuela secundaria, como prefecta y subdirector, respectivamente. Tras el feminicidio, ella recibió apoyo de las autoridades de la institución, quienes incluso conservaron su plaza. La pareja vivía en el segundo piso de la casa de la familia de él. El día de los hechos, aseguraron que se cayó mientras lavaba ropa.
Esmelin tenía antecedentes de ejercer violencia familiar y de género contra su esposa. En 2006, ella se separó porque él la agredió, y existía una denuncia por dichos hechos. Sin embargo, lo perdonó por sus hijas y porque él prometió cambiar. Aun así, en la escuela también hubo testigos de las agresiones. Una persona refirió que vio cuando él intentó estrangularla. La familia cree que Nancy no buscó ayuda por miedo y pena.
Maura murió luchando por justicia para su hija
Maura, la madre de Nancy, falleció buscando justicia para su hija e intentando recuperar a sus nietas. Organizó protestas para exigir castigo para el agresor y, luego de que este fue arrestado, sufrió un derrame cerebral al enterarse de que podría salir en libertad. Nunca logró recuperarse.
“Mi mamá murió pidiendo justicia. En 2023, se enteró de que él podría salir de prisión. Fuimos a la fiscalía a averiguar y a los diez minutos le vino un derrame cerebral; fuimos al hospital y falleció. No pudo ver la justicia”, señaló Emmanuel.
Maura también luchó por la custodia de sus dos nietas, las hijas de Nancy, quienes tenían 5 y 12 años de edad cuando ocurrió el crimen. Las menores se quedaron con la familia de Esmelin; como vivían en la misma casa, la abuela paterna no permitió que se las llevaran.
Su abuela materna solo logró obtener un régimen de convivencia, pero debido a que las nietas estaban con la familia de Esmelin, el proceso siempre fue obstaculizado.
“Mi mamá llevó un proceso para la custodia por años, le batalló. Logró una convivencia los domingos y las llevaban a un centro familiar, pero las niñas decían que no querían verla. Era llegar y regresarnos porque nunca pudo convivir mi mamá con ellas (…) No querían porque la abuela les metió ideas. Antes de eso, las niñas se la pasaban aquí con mi mamá y la familia, hasta nos íbamos de vacaciones”, comentó.
Hoy, la familia de Nancy solo exige justicia y una sentencia condenatoria para el presunto feminicida.
Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y el Centro Nacional de Información, hasta el mes de abril de 2026, en Tabasco se han registrado cuatro feminicidios.
