¿El capitalismo cobró conciencia? El filósofo Nick Land ha sido retomado por pensadores de ultraderecha, así como por aceleracionistas de izquierda. (Creative Commons y EFE)

En tiempos del genocidio israelí en Gaza y el desplome de la natalidad en todo el planeta, en especial en países como México, parece que el excedente de la fuerza de trabajo, otrora necesario para el desarrollo del capitalismo, comienza a ser desplazado por el advenimiento de la Inteligencia Artificial. Ya lo advertía Walter Benjamin, en tiempos del auge del fascismo, que no es que haya vuelto, más bien nunca se fue: nadie, ni los muertos, están a salvo.

En la película Terminator (1984), de James Cameron, se nos introduce el personaje, más bien, el espectro, de Skynet, una IA que se rebela ante la humanidad para luego declararle la guerra. Pero… y si esa Skynet, más que una máquina, es en realidad el propio capitalismo, capaz de manipular el pasado desde el futuro, porque el pasado es siempre una construcción futura, para garantizar su existencia, de la misma manera en la que la primera viajaba en el tiempo para asesinar a John Connor.

Lo anterior es una hipótesis del influyente filósofo británico Nick Land, aunque con la precisión de que no sostiene necesariamente que el capitalismo haya adquirido literalmente conciencia, como si fuera una persona, como Skynet, que no deja de ser una figura antropizada. Lo que afirma es que el capitalismo funciona como una inteligencia emergente, un sistema que se autoorganiza, aprende y persigue su propia expansión mediante los mercados, las finanzas y la tecnología. En sus palabras, capitalismo e inteligencia artificial son “el mismo proceso”.

Las ideas de Land han cobrado nueva relevancia en medio del auge de la inteligencia artificial. Sus conceptos de aceleracionismo e hiperstición, inspirados parcialmente en Marx pero desarrollados en una dirección opuesta, influyen en el debate sobre el futuro del capitalismo y han sido retomados por sectores de la ultraderecha tecnológica, como Peter Thiel de Palantir y Elon Musk.

¿Quién es Nick Land?

Nick Land (1962) es un filósofo británico que alcanzó notoriedad en la década de 1990 como fundador de la Cybernetic Culture Research Unit (CCRU) de la Universidad de Warwick, un laboratorio intelectual donde confluyeron la filosofía continental, la cibernética, la ciencia ficción, la música electrónica, como el Jungle, y las primeras reflexiones sobre internet y el capitalismo digital.

Desde entonces, Land desarrolló una teoría según la cual el capitalismo no debe entenderse únicamente como un sistema económico, sino como un proceso evolutivo impulsado por la tecnología que tiende a adquirir cada vez mayor autonomía.

El General Intellect de Marx y la reinterpretación de Land

Una de las bases filosóficas de Land proviene de un concepto desarrollado por Karl Marx en los Grundrisse: el General Intellect (intelecto general).

Marx sostenía que el desarrollo del capitalismo convertiría al conocimiento científico, la tecnología y la inteligencia colectiva en la principal fuerza productiva. Conforme avanzaran las máquinas, la riqueza dependería menos del trabajo manual y más del saber social acumulado en la ciencia, la cooperación y la innovación tecnológica.

Para Marx, esa transformación encerraba una contradicción. Si la producción descansaba cada vez más sobre el conocimiento colectivo y menos sobre el trabajo asalariado, el propio capitalismo terminaría debilitando la base de la que obtiene la plusvalía, abriendo la posibilidad de una organización económica distinta.

Nick Land retoma esa intuición, pero la invierte. En su interpretación, el General Intellect deja de ser la inteligencia social de la humanidad y pasa a convertirse en la inteligencia del propio capital. Los mercados financieros, los algoritmos, las redes digitales, la automatización y la inteligencia artificial forman parte de un mismo sistema que evoluciona con relativa autonomía respecto de los seres humanos.

El aceleracionismo: dejar que el capitalismo se acelere

A partir de esa lectura nace el aceleracionismo, una corriente filosófica que sostiene que las contradicciones del capitalismo no deben frenarse, sino acelerarse.

En la versión desarrollada por Land, el capital funciona como una inteligencia emergente que busca incrementar permanentemente su capacidad de cálculo, eficiencia y reproducción mediante la innovación tecnológica.

Bajo esta lógica, la inteligencia artificial no representa simplemente una herramienta creada por los seres humanos: constituye la fase más avanzada del desarrollo del capitalismo, capaz de sustituir progresivamente tanto el trabajo físico como el intelectual.

Land llega incluso a sostener que capitalismo e inteligencia artificial forman parte del mismo proceso evolutivo. Conforme aumentan la automatización, la robótica y los sistemas algorítmicos, el capital depende cada vez menos de la fuerza de trabajo humana y adquiere una mayor autonomía funcional.

Aunque esta idea suele resumirse afirmando que “el capitalismo alcanzó conciencia propia”, se trata de una tesis filosófica y no de una afirmación científica. Lo que Land propone es que el capital opera como una inteligencia emergente que sigue su propia lógica de expansión.

Hiperstición: cuando las ficciones crean el futuro

Otro de los conceptos más influyentes desarrollados por Land y la CCRU es la hiperstición.

El término describe aquellas narrativas, ideas o ficciones que terminan produciendo las condiciones para hacerse realidad. No se trata únicamente de una profecía autocumplida, sino de relatos que modifican las expectativas sociales, las inversiones económicas y las decisiones tecnológicas hasta materializar el futuro que imaginaban.

Desde esta perspectiva, el discurso sobre una inteligencia artificial destinada a superar las capacidades humanas puede entenderse como una hiperstición: cuanto más se presenta como un destino inevitable, mayores recursos económicos, científicos y políticos se destinan a construir precisamente ese escenario.

Mark Fisher: la crítica al maestro

Uno de los integrantes más destacados de la CCRU fue Mark Fisher, quien años después alcanzaría reconocimiento internacional con Capitalist Realism.

Aunque compartía con Land el interés por Marx, la tecnología y el General Intellect, Fisher terminó alejándose de su antiguo maestro.

Para Fisher, Land convertía al capitalismo en una fuerza casi metafísica, como si hubiera adquirido una dinámica imposible de detener. En cambio, sostenía que el verdadero triunfo del capitalismo consistía en haber colonizado la imaginación colectiva hasta hacer creer que no existía ninguna alternativa.

Su concepto de realismo capitalista describe precisamente esa sensación de inevitabilidad: la percepción de que resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

Mientras Land interpretó el General Intellect como la inteligencia autónoma del capital, Fisher defendió que ese conocimiento colectivo debía servir para ampliar la democracia, reducir la jornada laboral y construir formas de organización social distintas al capitalismo.

Mark Fisher El influyente filósofo británico, quien falleció en 2017, es autor de Realismo Capitalista. (Wikimedia)

De la filosofía experimental a la ultraderecha tecnológica

Con el paso de los años, Land abandonó buena parte de los planteamientos experimentales de la CCRU y comenzó a desarrollar la llamada Dark Enlightenment o Ilustración Oscura, una corriente profundamente crítica de la democracia liberal y del igualitarismo.

Ese giro lo convirtió en una referencia para el movimiento neorreaccionario (NRx) y para algunos sectores de la ultraderecha tecnológica, especialmente aquellos vinculados con el llamado “tecnoautoritarismo”, que defienden modelos de gobierno corporativo, tecnocrático o posdemocrático.

Aunque algunas figuras del ecosistema tecnológico estadounidense, como el propio Elon Musk o Alex Karp, filósofo y otro de los CEO de Palantir, han mostrado interés por conceptos como el aceleracionismo, la automatización radical y la gobernanza algorítmica, ello no implica que compartan íntegramente la obra filosófica de Land ni que exista una adopción homogénea de sus postulados.

Trump sugiere que ni EEUU ni China frenarán el desarrollo de la IA El presidente de China, Xi Jinping (i), y el presidente estadounidense, Donald Trump, hablan a la llegada del mandatario chino el miércoles a Maryland (Estados Unidos). EFE/EPA/Al Drago / POOL
(Al Drago / POOL/EFE)

¿Por qué Nick Land vuelve al centro del debate?

El auge de la inteligencia artificial ha devuelto actualidad a muchas de las preguntas formuladas por Land hace más de tres décadas.

¿Puede el capitalismo funcionar cada vez con menos trabajadores? ¿La inteligencia artificial representa una herramienta al servicio de las personas o la expresión más avanzada de la lógica del capital? ¿El conocimiento colectivo terminará emancipando a la sociedad, como imaginaba Marx, o consolidará sistemas económicos cada vez más autónomos?

Las respuestas a esa interrogante de Land siguen siendo objeto de debate.

Es precisamente esta lectura la que Mark Fisher cuestionó sobre su antiguo maestro. Aunque también recuperó el concepto marxista del General Intellect, Fisher argumentó que esa inteligencia social debía entenderse como un patrimonio común con la potencialidad de emancipar a la sociedad y no como una fuerza autónoma del capital.

En obras como Capitalist Realism, criticó que Land terminara atribuyendo al capitalismo un carácter casi inevitable y autosuficiente, como si el sistema hubiera adquirido una lógica propia imposible de transformar políticamente.

Para Fisher, el problema no era que el capitalismo hubiera alcanzado una especie de conciencia, sino que había conseguido colonizar el imaginario colectivo hasta hacer creer que no existía ninguna alternativa. Esa es la esencia de su concepto de realismo capitalista: la dificultad de imaginar otro futuro distinto al impuesto por el mercado.

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