La política en Chihuahua entró ya en una etapa distinta. Las señales dejaron de ser discretas y los movimientos rumbo a 2027 comienzan a ser cada vez más evidentes.
En Morena, la definición de Cruz Pérez Cuéllar como principal figura estatal obligó a un reacomodo interno que todavía no termina. Andrea Chávez mantiene presencia y estructura, particularmente en Ciudad Juárez, mientras otros grupos buscan conservar espacios en diputaciones, alcaldías y posiciones estratégicas. El reto para Morena no será solamente competir hacia afuera, sino administrar sus equilibrios internos sin que las diferencias terminen por fracturar al partido.
Del otro lado, Marco Bonilla ha comenzado una etapa de mayor exposición estatal. Su salida de la Presidencia Municipal de Chihuahua le permite ampliar recorridos, fortalecer vínculos y construir presencia fuera de la capital. Ciudad Juárez será inevitablemente uno de los territorios donde deberá demostrar si puede convertir reconocimiento político en una estructura verdaderamente competitiva.
Mientras tanto, Maru Campos conserva una posición central. Aunque no participa directamente en la disputa electoral, buena parte de los movimientos dentro del PAN pasan por la lectura que haga su gobierno y por la manera en que se acomoden figuras como Santiago de la Peña, César Jáuregui y otros actores con aspiraciones propias.
Juárez, precisamente, se está convirtiendo en el principal laboratorio político del estado. Ahí confluyen Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Chávez, los movimientos del PAN y una oposición que intenta construir narrativa alrededor de obra pública, seguridad, Presupuesto Participativo, contrataciones y fiscalización. Lo que ocurra en la frontera tendrá impacto directo en la sucesión estatal.
Pero el riesgo para todos los partidos es el mismo: adelantar demasiado la elección y descuidar el gobierno. Seguridad, movilidad, obra pública, servicios, transparencia y resultados concretos seguirán siendo la base sobre la cual la ciudadanía evalúe a quienes hoy comienzan a recorrer el estado.
El 2027 todavía parece lejano en el calendario, pero políticamente ya comenzó. Y en Chihuahua, más que una carrera de nombres, lo que empieza a definirse es quién logra construir estructura, mantener unidad y, sobre todo, presentar resultados que puedan sostener un proyecto frente al electorado.