
Donald Trump ha convertido en un plebiscito a su segundo mandato las elecciones al Congreso del 3 de noviembre, desafiando la impopularidad que anuncian todas las encuestas, pero esta vez su apuesta puede resultar fatal: los demócratas no ven la hora de lograr el control de las dos cámaras del Congreso para abrir un proceso de destitución (impeachment), por decenas de cargos, entre ellos por enajenación mental. De los dos frentes de batalla que enfrenta el presidente y los legisladores republicanos, la Cámara Baja parece perdida, mientras las batallas más encarnizadas ocurrirán en el Senado, que podría ser su salvación o su perdición.
Cuatro escaños para un vuelco en la Cámara Alta
En el Senado se renuevan 35 escaños, una tercera parte de los 100 escaños totales (dos por cada uno de los 50 estados; los residentes en el Distrito de Columbia no votan al no ser considerado un estado). Dos son los escaños no expirados de los senadores Marco Rubio en Florida, y JD Vance, en Ohio, que dejaron sus puestos antes de tiempo para asumir el primero como secretario de Estado de EU y el segundo como vicepresidente de EU.
Es en la Cámara Alta donde los republicanos tienen más opciones de retener el control, ya que parten con una ventaja de seis escaños más que los demócratas: 54 senadores republicanos, frente a 47. Por tanto, los progresistas necesitan arrebatar a los conservadores cuatro escaños para sumar 51, la cifra mágica para controlar el Senado. No les serviría de nada ganar tres escaños, ya que sumarían 50, los mismos que tendrían los republicanos, una situación de empate que se rompe con el voto de calidad del presidente del Senado, cargo que ocupa constitucionalmente el vicepresidente de EU, en este caso Vance.
Estos son los estados clave donde está en juego el Senado… y el futuro de Estados Unidos.
Ohio: la pelea por el escaño de Vance
La mayor ventaja para el candidato demócrataSherrod Brown es la estrategia de bajo perfil de su oponente republicano, el senador Jon Husted, designado hace dos años para cubrir la vacante que dejó J.D. Vance al asumir la vicepresidencia del país.
En un país acostumbrado ya a la sobreexposición en las redes y, especialmente entre los conservadores, a lanzar mensajes desafiantes, no exentos de insultos (siguiendo la estela de Trump), la serenidad de Husted resulta chocante, al extremo de que muchos ohioanos admiten que no saben nada de él.
Es lo contrario de lo que pasa con el candidato demócrata, quien fue senador durante dos décadas hasta que Vance lo derrotó en las elecciones de 2020. Qué mayor venganza que recuperar el escaño perdido y contribuir a que los demócratas vuelvan a recuperar el control de la cámara que preside su odiado Vance.
Sin embargo, Brown corre el peligro de morir de éxito: es tan conocido que muchos votantes piensan que sigue siendo senador… y lo culpan de lo mal que está el estado. Una percepción que la campaña de su rival republicano aprovecha con gusto: algunos anuncios de Husted se refieren a él como el “senador Brown”.
La roja Kansas podría dar el campanazo
Pocos estados de EU son más profundamente rojo republicano que Kansas: la última vez que votó por un demócrata para el Senado fue hace casi un siglo. Sin embargo, esta situación podría cambiar gracias a un pastor que renunció al Partido Republicano y se convirtió en candidato demócrata: Adam Hamilton.
Además de ser uno de los líderes de la Iglesia metodista, la mayor del estado, Hamilton está siendo ayudado por The New York Times, gracias a un reportaje demoledor contra la clínica que regenta el candidato republicano, Roger Marshall.
Según denunció el diario más influyente del país, Marshall demandó a cerca de 700 pacientes a lo largo de 20 años que no pudieron hacer frente a las facturas médicas, llegando a confiscar los sueldos de algunos de ellos; 81 fueron detenidos por no acudir a la cita con los tribunales. La mayor parte de los demandados procedían de la Kansas rural; varias eran madres de pocos ingresos que se habían visto en dificultades para pagar las facturas de sus partos.
Si el pastor Hamilton, que denuncia a su rival por falta de compasión, logra a su favor romper el empate técnico en las encuestas, habrá hecho historia: ¡Kansas, demócrata!
Alaska: el posible voto de castigo por la guerra de Irán
Si hay un estado de la Unión que más sufre en carne propia el aumento de la gasolina y el diésel por la guerra de Irán es el de mayor tamaño, donde se requiere más combustible para los largos desplazamientos: Alaska.
En la siempre republicana Alaska, el galón de gasolina supera los diez dólares, frente a la media nacional de 4.45 dólares (casi el doble de antes de la guerra), un factor suficiente como para ser infiel a su ADN conservador.
Este descontento es la oportunidad única para que la demócrataMary Peltola dé el campanazo y derrote al republicanoDan Sullivan. Eso sí, con un perfil moderado y cuyo lema de campaña, “fish, family, freedom” (“pesca, familia, libertad”), combina la defensa del medio ambiente con valores tradicionales.
Está por ver si a la demócrata, hija de madre yupik —una de las etnias originarias de Alaska—, esto la beneficia o la perjudica ante un electorado blanco muy activo y reacio al etnicismo que ataca Trump.
Maine: la veterana senadora para muchos traidora
Troy Jackson se convirtió en candidato demócrata tras la traumática dimisión del carismático Graham Platner, acusado de abuso sexual. Frente a él está un peso pesado de la política nacional, la cinco veces senadora republicanaSusan Collins, una de las últimas representantes del ala tradicional del partido y de las pocas que aún defienden el derecho al aborto, pero perseguida ahora por un error que no ha logrado solventar en campaña: su decisivo voto para que se ratificara a Brett Kavanaugh, un antiabortista confeso, como juez de la Corte Suprema.
Además, la postura ambigua de Collins sobre la hostilidad de Trump hacia Canadá no ha gustado en Maine, uno de los estados más afectados por la guerra comercial del republicano contra el vecino del norte.
Michigan: el musulmán que podría hacer historia

Si el médico Abdul El-Sayed consigue mantener en manos demócratas el asiento que se disputa con Mike Rogers en Michigan, será el primer senador musulmán en la historia de Estados Unidos, justo cuando lo preside uno de los presidentes más supremacistas e islamófobos de la era moderna.
Su triunfo serviría al ala izquierdista del partido para alegar que sus posiciones progresistas también ganan elecciones en los estados bisagra: algo que tendrán muy en cuenta posibles candidatos para las presidenciales de 2028, como la neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez. Y viceversa: si El-Sayed fracasa en un año tan favorable para los demócratas, el mensaje será de cautela.
Su elección fue vista entre los republicanos como una gran oportunidad para arrebatar a los demócratas este asiento en el Senado por Michigan. Su oponente, el excongresista Mike Rogers, se apresuró a describirlo como un “extremista” de cuidado y de “retórica peligrosa”. El médico, por su parte, defensor del acceso universal a la salud, ha ido moderando sus posiciones.
Rogers presenta un perfil opuesto al de su rival. Antiguo agente del FBI, es un republicano del ala conservadora, opuesto al aborto, favorable a las empresas (más que a los trabajadores) y con un historial de apoyo a las intervenciones militares en el exterior.
Texas: la madre de todas las batallas

Si California, el estado más poblado de EU, es el bastión progresista, Texas, el segundo estado más poblado de Estados Unidos, es el bastión republicano ininterrumpido desde hace tres décadas.
El demócrataJames Talarico, legislador estatal y seminarista, era un casi perfecto desconocido hasta febrero pasado. Ahora es la gran esperanza de los progresistas para ganar por primera vez desde 1994 en una contienda estatal en Texas, donde va ligeramente por delante en las encuestas frente a su rival, el ultraconservadorKen Paxton, fiscal general del Estado y bestia negra de las feministas y los inmigrantes.
Paxton ganó las primarias de su partido gracias al apoyo de Trump y del ala más conservadora republicana, pero su trayectoria política ha estado marcada por el escándalo. En 2015 fue imputado por cargos de fraude, pero logró llegar a un acuerdo con la Fiscalía para evitar ir a juicio sin admitir culpabilidad. El Congreso local texano, de mayoría de su propio partido, le abrió un juicio político por corrupción en 2023, aunque el Senado lo acabó exculpando.
La media de encuestas del agregador RealClearPolitics adjudica a Talarico una intención de voto un 2.4 % superior a la de su rival. La ventaja no es decisiva, pero si el joven Talarico logra el “milagro” y derrota al republicanoPaxton, el mensaje sería desolador no solo para Trump, sino para las aspiraciones de los republicanos de conservar la Casa Blanca. Y el voto hispano en uno de los estados más represores será esencial.