Novela. La escritora mexicana Laura Baeza. (Páginas de Espuma)

La novela “Santita del agua clara” (Alfaguara, 2026) retoma los tópicos de la casa embrujada y esta vez la autora ahonda también en cuáles son esos embrujos que habitan el espacio.“Si se trata de la culpa, del perdón, de la esperanza… ¿qué es lo que va a habitar el espacio físico? Creo que la historia me permitía trabajar con eso y concentrar algo tan importante, la memoria, dentro de una casa que prácticamente se cae a pedazos y aún así continúa”, explica.

La escritora mexicana Laura Baeza ofrece a Crónica una entrevista por la reciente publicación de su novela, en la que explora la memoria y cuya primera presentación oficial fue a inicios de este mes, octubre, en la CDMX.

Al preguntarle por el tópico literario que emplea una casa como espacio representativo de la realidad material o psíquica de los personajes, Laura Baeza apunta que le interesa cómo los cuerpos se vinculan en los sitios donde se desplazan, por lo que la casa le parece una metáfora interesante para hablar del paso del tiempo, las relaciones que tenemos y la dimensión de trascendencia cotidiana que se aglomera en los lugares que habitamos.

“Los espacios son algo en lo que he centrado buena parte de mis intereses literarios, en la creación del espacio desde el cuerpo, porque el cuerpo también significa la forma en la que habitamos el mundo, cómo nos concebimos, es la primera casa que contiene la mente, emociones y demás”, comenta.Se trata de su tercera novela y la escritora observa que tienen en común la exploración de la “memoria desde los cimientos”.

“Por eso intenté trabajar con una metáfora que pudiera abrir ese camino: el espacio físico, la importancia que tiene y la forma en la que podemos mantenernos ahí o tratar de salir por completo”.


Novela. Novela.

LOS SPOILERS NECESARIOS

La novela está situada en 1996, en el marco de lo que la autora considera uno de los movimientos sociales más importantes de México, en el sur del país.

“También unos personajes buscan llegar a crear una utopía que no va a existir como tal, a costa de abandonar a la familia en este espacio, y toda la novela se trata de estos cambios, de cómo las decisiones de los adultos van a repercutir en la en la vida de los menores a niveles insospechados, como suele ser también en la realidad”, ahonda la autora.

En ese sentido, Laura Baeza considera que la novela está anclada a detalles significativos que tocan particularmente a la generación que creció en los años 90s.

El protagonista de la historia se llama Carlitos, a quien los lectores conocen cuando tiene apenas 10 años, “ya luego se convierte en Carlos”, y la escritora destaca que él no sabe en realidad qué está pasando en su mundo y en su familia, sino que se guía por una impresión y a través del miedo.“La novela habla mucho sobre eso, sobre cómo ciertos juicios van a recaer en el universo que él está transitando: los señalamientos, el abandono, la familia, cómo el mundo de los adultos funciona en un orden que él desconoce totalmente, pero que a la vez lo implica y la forma en que Carlitos siente que tiene que proteger a su hermana o presiente que tiene que liberar algunas situaciones que no le parecen, pero envueltos en un imaginario casi desquiciado por parte de las personas que los cuidan”, describe.-¿Por qué volver a la infancia como recurso narrativo?“Lo he hecho en otros libros y creo que es un un tema que me interesa creativamente, no en términos personales, porque es donde la imaginación puede detonar mucho más y donde también la dimensión de la realidad se distorsiona por completo”, considera Laura Baeza.

Agrega que desde la adultez recordamos muchas cosas que probablemente no pasaron, pero estamos empeñados en que sí sucedieron y por eso las distinguimos como un recuerdo y no una fantasía.“A mí me gusta mucho ver esa posibilidad también y creo que los ojos de los niños son los adecuados para poder especular hasta donde llega la imaginación”.

¿Quién es la autora?

La escritora y editora Laura Baeza (Campeche, 1988) ha publicado cuento y novela, tales como Ensayo de orquesta, por el que ganó el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri; Época de cerezos (Premio Nacional de Narrativa Gerardo Cornejo) y Una grieta en la noche.

Antes de “Santita del agua clara” publicó dos novelas Niebla ardiente y El lugar de la herida.Actualmente da clases de escritura, promueve la lectura de obras escritas por mujeres latinoamericanas y trabaja en sus siguientes proyectos literarios.

“Esta novela ya empezó a circular un poquito de mano en mano de los lectores y me va a tocar ya platicar con ellos, tener acercamientos, clubes de lectura y seguir con el camino de la promoción de un libro”, añade.

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