Cuauhtémoc Cárdenas (Isaac Esquivel)

Con el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano terminaron e iniciaron etapas de la historia contemporánea del país, se formaron generaciones de ciudadanos y quedaron marcados en la historia, puntos de referencia para nuevos procesos de transformación; tal y como sucedió con su padre, el general y expresidente, Tata Lázaro Cárdenas.

A Cuauhtémoc lo conocí por primera vez en una reunión de trabajo en Morelia, era un salón amplio de gobierno y él estaba acompañado de lo que sería parte de su gabinete. Se encontraba atendiendo demandas de organizaciones sociales. En esa ocasión yo acudí en solidaridad con la Casa de Estudiantes “Madre Latina” ubicada en Uruapan. Hablamos del año 1980; Cárdenas recién había sido electo gobernador del estado de Michoacán y por supuesto había una gran expectativa por la herencia política de su padre.

Eran los años duros en Centroamérica, recién habían asesinado a Monseñor Óscar Arnulfo Romero en la catedral de San Salvador, desatando una ola de represión brutal en aquel país. Pero la esperanza renacía con el triunfo de los Sandinistas en Nicaragua que un año antes derrocaban al tirano Somoza mediante una revolución.

Ahora reconozco en esa época, la víspera de lo que en pocos años se convertiría en la tragedia económica de México y América Latina. Una crisis que arrasó con las expectativas de futuro de millones de personas, y que causó una de las grandes migraciones del campo a la ciudad; así como del sur de nuestro país a los EEUU. Una política neoliberal que al imponerse, también puso a prueba los valores del nacionalismo mexicano y la política social del régimen nacida en la época del llamado por los libros de historia “el periodo del desarrollo estabilizador”.

Los tecnócratas se apoderaron de las principales áreas de la política económica y después, de la presidencia. Un proyecto que incluía borrar los vestigios de la Revolución Mexicana en materia laboral, dejar la explotación de los recursos naturales como el petróleo en empresas extranjeras y desde luego, acabar con la propiedad social de la tierra como el ejido y los bienes comunales. Los principios neoliberales de “menos Estado y más mercado” justificaron recortes presupuestales y una vez en el poder, terminaron vendiendo la mayoría de las empresas paraestatales, una tragedia para el patrimonio nacional, de la que aún no logramos recuperarnos.

Cuauhtémoc Cárdenas junto con otros distinguidos personajes como Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo se opusieron a esa tendencia desde el partido oficial y acabaron por convertirse en la primera escisión del PRI en su historia al crear la Corriente Democrática.

Los que nos formamos en la oposición de izquierda, vimos primero con incredulidad y después con entusiasmo, esa ruptura y al cabo de unos meses, junto a grandes segmentos de la sociedad castigados por las políticas neoliberales, formamos el Frente Democrático Nacional.

Era el despertar democrático, las multitudes salían a ver y de ser posible, saludar al ingeniero Cárdenas. En la UNAM veníamos de una huelga exitosa y con manifestaciones multitudinarias que se volcaron en apoyo a su candidatura a la presidencia. Pero junto a esa expectativa, volvió a resurgir el espíritu autoritario y represivo que empezó con el fraude electoral de 1988 y continuó provocando asesinatos políticos en diferentes estados de la república.

El ingeniero Cárdenas con su visión de Estado, sembró en diferentes actores sociales la posibilidad de organizar la defensa contra la violencia gubernamental, así que orientó la indignación hacia la vía democrática, gran acierto. Con él fusionamos las fuerzas de izquierda y del nacionalismo revolucionario un nuevo partido político y empezamos la larga ruta de la democratización del país que sigue dando frutos.

Tuve la oportunidad de colaborar con él y su equipo en las campañas electorales federales del 91 y 94. Trabajar en el territorio de Coyoacán durante el 97 y trabajar de cerca cuando asumió la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Siempre me sorprendió su enorme capacidad de recordar los nombres de todas las personas con quien él se relacionaba, así hubiera pasado tiempo de no visitarla o verla.

Hoy, al cerrar un ciclo natural implícito al hecho de estar vivo, el ingeniero deja una huella profunda en la historia de México, de la democracia y de la defensa del pueblo de México. Larga será su memoria y permanente el legado que nos deja su trayectoria pública. ¡Viva Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano!

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