En vísperas del Día de Difuntos,   en la metrópoli predominó la venta de pan de muerto y calaveritas de azúcar.

Esto en base a tradiciones  milenarias que, por fortuna, y pese al paso del tiempo siguen entre nosotros.

En una panadería del centro regio, ubicada en el cruce de las calles Ruperto Martínez y Guerrero,  los comensales disfrutaban del delicioso pan.

Y otros se llevaban las calaveritas de dulce para deleite del paladar.

El 2 de Noviembre, Día de Muertos, es sagrado para los mexicanos pues veneramos la memoria de quienes ya se nos adelantaron en el camino. 

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