

Llegó la muerte de un salto
sin pedir previa audiencia,
hasta el tribunal más alto
a dictar su propia sentencia.
“Vengo por ti, su señoría,
deja ya la Constitución,
que tu valiosa teoría
no aplica en el panteón”.
El ministro argumentaba
su derecho de réplica y voz,
mientras la parca firmaba
un acuerdo firme y veloz.