. Los elementos de seguridad vigilan calles de la CDMX

La antigua quietud nocturna de las calles coloniales, interrumpida por el grito cantado de quien las recorría con farol en mano anunciando “las doce y todo sereno”, es ahora una complejidad urbana donde la seguridad requiere estructuras institucionales sofisticadas, inteligencia de datos y articulación entre dependencias locales y federales.

Preservar la tranquilidad ciudadana exige abandonar visiones fragmentadas, asumiendo la seguridad como un sistema integrado donde interactúan la planeación civil con la disciplina de origen militar. Esta transición pacífica halla su mejor alegoría en estas fechas de memoria nacional: construir paz emula el mítico viaje al Mictlán, transformando trayectos plagados de obstáculos en senderos transitables y de certidumbre social.

La concepción contemporánea de la vigilancia pública superó el viejo patrullaje de proximidad aislada para consolidar una estructura de coordinación institucional. La nota de Jennifer Garlem publicada ayer en Crónica rescata directrices de la Presidenta Claudia Sheinbaum expresadas por Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, durante la graduación de elementos de élite: la misión es combatir con igual rigor tanto la delincuencia organizada como los delitos del fuero común.

Lejos de discursos complacientes, la postura institucional reconoce el tramo pendiente, aun cuando los avances revelan una disminución de 52% en el promedio diario de homicidios dolosos a nivel nacional entre septiembre de 2024 y el mismo mes de este año, derivada, entre otras razones, de la estrecha colaboración entre corporaciones civiles, ministeriales y las Fuerzas Armadas.

El modelo mexicano descarta la desarticulación del pasado y apuesta por un Gabinete de Seguridad donde la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional aportan capacidades logísticas, de inteligencia y despliegue territorial estratégicas, sin descuidar el mando ni la naturaleza de las instituciones civiles.

Los resultados de la capital nacional —con una baja de 19% en delitos de alto impacto en el último año— ilustran esta dinámica mediante reuniones operativas diarias del Gabinete de Seguridad, espacio de toma de decisiones donde la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, imprime visión territorial. La presencia coordinada de la Guardia Nacional y el personal militar robustece las labores de prevención, logrando contener ilícitos de alto impacto, desmantelar redes delictivas locales y recuperar espacios públicos.

Visto desde la cosmogonía patria, el Día de Muertos ofrece un marco idóneo para dimensionar el valor de la seguridad en la comunidad. El tránsito hacia el Mictlán, aquel viaje ritual al inframundo lleno de pruebas complejas y senderos oscuros en nueve niveles creado por Quetzalcóatl, Tezcatlipoca, Huitzilopochtli y Xipe Tótec representa la eterna búsqueda de descanso, trascendencia y armonía colectiva.

Trasladado este concepto a lo contemporáneo, la edificación de entornos seguros constituye el nuevo recorrido indispensable donde las instituciones —guardianes del Mictlán— son facilitadoras de caminos libres de riesgo, iluminados con vialidades recuperadas, tecnología de videovigilancia y proximidad policial. Garantizar paz es, en esencia, asegurar bienestar durante el andar diario de las y los ciudadanos, permitiéndoles habitar sus barrios sin temor.

La evolución del sereno colonial al moderno esquema de inteligencia compartida comprueba el dinamismo del Estado en su responsabilidad primaria de salvaguardar el orden público. Faltando asignaturas cruciales por resolver en diversos rincones de la geografía nacional, la estrategia actual demuestra viabilidad mediante la fusión de voluntades políticas, disciplina operativa y autocrítica gubernamental.

Aquel farol antiguo del vigilante nocturno se convirtió en una red de seguridad integral, sostenida por el compromiso de proteger vidas, patrimonios e identidades colectivas. En el cruce de la memoria histórica y los desafíos futuros, resguardar las calles implica honrar el pasado, sembrando certidumbre.

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